Y tu…

Enero 13, 2009 at 3:00 pm (Frases (cosecha propia), Otros, Pensando en alto, Sin demasiado o ningún sentido)

… Que siempre mirabas y solo sonreías
Como si no supieses nada
En realidad lo sabías todo
… Y por eso sonreías…

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El despertar más difícil

Noviembre 1, 2008 at 1:00 pm (Otros)

Un enlace interesante, que merece la pena leer.

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Quiero pensar…

Octubre 7, 2008 at 9:11 pm (Otros)

… Que no sabe muy bien lo que hace. O que, como el 80% de cosas por Internet, es un montaje. Si no es así es que, definitivamente, la globalización extiende por el mundo una gilipollez de manera generalizada.

(Clic para ver en grande)

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El espejo del alma se ha roto

Septiembre 15, 2008 at 2:55 pm (Otros, Sin demasiado o ningún sentido)

“…Su mirada era tan altiva pero tan cansada y resignada a la vez que me recordó a los ojos de los que luchan por algo que saben no pueden ganar. Sus gestos y sus acciones en cambio eran dignos de la persona con mayor confianza que haya visto… de alguien que lo tiene todo para ganar, como si no existiese otra alternativa.”

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Una de tantas historias……

Septiembre 14, 2008 at 10:46 pm (Otros)

Que hacen que el tiempo se pare.

La he leído este mediodía en el Semanal incluido en El País de los Domingos, y al encontrarlo en formato “electrónico” creo que merece la pena compartirlo.

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El talento del artista

Agosto 31, 2008 at 11:48 pm (Otros, Pensando en alto)

Hace un tiempo tuve que cambiar la pila de mi reloj. Es un reloj que tengo desde hace aproximadamente un lustro (hasta ahora no me había “fallado”), cuando quería uno de una cierta manera y forma pero que ni yo mismo sabía definir ni, por supuesto, había visto en ningún sitio. Aún así la persona que me lo regaló entendió perfectamente lo que yo quería. Lo entendió de hecho aún mejor que yo mismo, a pesar de mis pocas señas. Lo buscó, lo encontró y me lo compró. Acertó de lleno… “Pero eso es otra historia y debe ser contada en otro momento” (Ende dixit). La cuestión es que a la hora de remplazar la pila de este reloj me dirigí en primera instancia, como no podía ser, a un joyero conocido. Uno de los de toda la vida, de los que tienen una tienda pequeña pero con una clientela fiel como ella sola. De los que ya quedan pocos. Al comentarle la cuestión fue totalmente sincero (no esperaba menos); “Yo no te lo puedo hacer”, dijo. “Es complicado, porque tiene dos pilas, uno para la parte analógica y otra para la digital. Te podría enviar a un amigo, pero está en la otra punta de la ciudad, y te va a cobrar más que si lo llevas al Corte Inglés”. Tras esto y una agradable charla acompañada de un cigarrillo en la puerta de su comercio, accedo medio resignado a llevar mi reloj al Corte Inglés. Le doy las gracias y me despido. Es lo bueno de las tiendas pequeñas; la gente siempre tiene tiempo para salir a la puerta a conversar entre humo de tabaco.

Ese mismo día yo y mi reloj (en el bolsillo, llevaba otro de sustitución en la muñeca, más caro pero más feo para mi gusto y a años luz en cuanto a valor histórico y sentimental) vamos, como digo, de mala gana al Corte Inglés. Que nadie se confunda, no tengo nada o casi nada en contra de los grandes almacenes tipo el citado, pero si puedo elegir sin lugar a dudas prefiero acudir a un comercio pequeño. “De los que ya no quedan”. Quedo más satisfecho y para ellos es mejor. A eso lo llamo yo una relación de conveniencia.

“Día de compras compulsivas y plena hora punta” pienso justo cuando me veo metido de lleno entre la vorágine de gente armada con bolsas de plástico, esquivando caminantes de todo tipo; tanto de los que van a paso de tortuga como si estuvieran paseando por el parque a la luz de las estrellas, como de los que arrollan con zancadas kilométricas y exceso de velocidad. Paciencia, de la que tengo poca. En una de esas, detrás mía, oigo sin querer un comentario de una chica cogida de la mano de su novio, que dice algo así como “no me queda casi nada en la cuenta, pero es que me encanta ese bolso”. “Chica, acabas de definir el capitalismo” pienso.

Una vez en el Corte Inglés la marabunta no se suaviza, pero el “stand”, puesto o lo que sea de la marca de mi reloj está cerca de la entrada. Me acerco a él. Una dependienta extremadamente delgada que masca chicle como un camello está libre. Me acerco con un educado “Perdona, es para cambiarle la pila a este reloj”. Sin apartar la vista de sus quehaceres me señala las escaleras mecánicas; “está en la planta baja”. Añade que está junto a la consigna u objetos perdidos, no recuerdo cual de los dos. Levanta la mirada buscando alguna señal de entendimiento de su cliente. Deja de rumiar el chicle y me fija la mirada. Le doy las gracias y le sonrío de manera que no pueda apartar la vista de mi mientras me marcho por donde me ha indicado. No me atrae pero, ¿a quién no le gusta sentirse observado?.

Al llegar a la planta baja diviso el puesto del relojero. Efectivamente estaba al lado de la consigna o de objetos perdidos, no recuerdo cual. El “puesto” es un pequeño mostrador con un señor atrás que trabaja solo junto una fila de cajones donde guarda todos los relojes, supongo. El hombre en cuestión, de unos cincuenta y tantos largos cercanos a loa sesenta, más corpulento que gordo, de apariencia cansado y con unas gafas como las de Gepetto, atiende con una admirable calma a la fila de clientes, entre la que destacan un garrulo con su choni (“este viene con un Casio”), una pareja de casados con sus caóticos hijos corriendo por ahí, y yo, que estoy detrás de éstos últimos en la cola. Cuando el garrulo acaba le toca a la mujer casada, que insiste en probar todo lo probable de su reloj de 4000 € que solo da la hora y dice a gritos “mira, nosotros podemos pagarlo”, mientras tanto ella como su marido se despreocupan de sus hijos. O quizá no sean ni de ellos. En los centros comerciales mucha gente deja a sus críos libres como si fueran fieras, como el amo que suelta el collar de sus perros. En los mercados de gitanos no les sueltan la mano y les piden que no se separen, pero en El Corte Inglés los “dejan libres”. Debe ser el lugar más seguro del mundo para un niño de 6 u 8 años.

Tras ellos es mi turno, y así le expongo al señor relojero el problema técnico. Con un ligero vistazo me dice lo que ya se; “Es complicado. Éste modelo tiene dos pilas, uno para la parte analógica y otra para la digital”. “Lo sé”, respondo, fingiendo que se de qué habla. El relojero, al igual que la dependienta, también aparta la vista de su trabajo solo para buscar la mínima complicidad con el cliente. Pero en su caso no es por falta de gusto por el trabajo, es por cansancio. Sí, definitivamente está cansado. Pero instantáneamente, desde que llegué a la cola de gente y vi la calma con la recogía y entregaba los relojes, reconociéndolos todos como si viera a través de ellos, hasta que me atendió y vi su mirada, supe que se trataba de un trabajador de los de antes en un puesto de los de ahora. Siento una increíble admiración y respeto por los trabajos realizados a mano, los que requieren de la destreza y del talento del maestro que los realiza, de los que se hacen hoy casi de la misma manera que hace cien años, de los que solo unos pocos realizan y, tengo la sensación, tienen en las venas la capacidad y la ilusión para hacerlos, pues este tipo de oficios suelen pasarse de padres a hijos, de generación en generación. Y saben ellos mejor que yo que no es un trabajo sencillo, muchas veces poco rentable y poco agradecido. Por ejemplo, soy de los que cuando entran en una tienda de libros antiguos, de los que tienen las páginas amarillentas, la cubierta arrugada y huelen a celulosa vieja, se pasean por la estancia como si el tiempo se hubiese detenido, observando con una sonrisa cada una de las estanterías como si estuviese viendo diosas desnudas y acariciando esas viejas páginas como si pasara mi mano por la perfecta piel de las mismas. Es así.

Este hombre, que ahora me indicaba que mañana tendría listo el reloj y que podría pasar a recogerlo, denotaba esta experiencia, esos años de oficio, ese trabajo que realizaba cansado, quizá sin la misma ilusión que antes, pero sí con pasión y con la misma destreza e innata habilidad, pues sigo creyendo que se lleva en la sangre. Sin embargo, verlo trabajando ahí, con un cansancio justo dado el número de personas que debe atender al día, sin que éstos muestren el más mínimo interés o respeto por su trabajo, me hizo verlo, como ya he dicho antes, como el maestro en el lugar equivocado. O incluso como al artista al que el manager o la empresa de turno presiona para que realice un trabajo que no es el que desea hacer. He mencionado antes que debe ser un oficio duro, pues poca gente está dispuesta y tiene la habilidad para realizarlo, y quizá esa fue la causa de que éste hombre, con años de experiencia a su espalda que se ven en sus ojos, se muestre cansado, incluso resignado a cambiar pilas y arreglar quizá más de 20 o 30 relojes al día.

Al día siguiente fui a recoger mi reloj como me había indicado. Con solo verme y reconocerme lo sacó de la fila de cajones y me lo entregó. A día de hoy el reloj no ha fallado. Hizo bien su trabajo. Normal, lo lleva en la sangre. Una pena que otros cuatro o cinco clientes que esperaban ansiosos su turno, entre los que estaban otro clon de la señora del reloj de 4000 € del día anterior, con sus hijos sueltos y su marido resignado y cargado de bolsas no nos dejaran tiempo para charlar en la puerta del comercio y echar un cigarro.

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Tiny tears make up an ocean

Agosto 31, 2008 at 12:05 pm (Música, Otros)

You’ve been lying in bed for a week now

Wondering how long it’ll take
You haven’t spoke, or looked at her in all that time
It’s the easiest line you could break
She’s been going round her business as usual
Always with that melancholy smile
But you were too busy looking into yourself
To see those tiny tears in her eyes

Tiny tears make up an ocean
Tiny tears make up the sea
Let them pour out, pour out all over
Don’t let them pour all over me

How can you hurt someone so much your supposed to care for
Someone you said you’d always be there for
But when that water breaks you know you’re gonna cry, cry
When those tears start rolling you’ll be back

Tiny tears…

You’ve been thinking about the time, you’ve been dreading it
But now it seems that moment has arrived
She’s at the edge of the bed, she gets in
But it’s hard to turn the opposite way tonight

Tiny tears…

 

 

Tindersticks“Tiny Tears”

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My Way

Agosto 28, 2008 at 3:34 pm (Música, Otros)

And now, the end is near;

And so I face the final curtain.
My friend, Ill say it clear,
Ill state my case, of which Im certain.

Ive lived a life thats full.
Ive traveled each and evry highway;
And more, much more than this,
I did it my way.

Regrets, Ive had a few;
But then again, too few to mention.
I did what I had to do
And saw it through without exemption.

I planned each charted course;
Each careful step along the byway,
But more, much more than this,
I did it my way.

Yes, there were times, Im sure you knew
When I bit off more than I could chew.
But through it all, when there was doubt,
I ate it up and spit it out.
I faced it all and I stood tall;
And did it my way.

Ive loved, Ive laughed and cried.
Ive had my fill; my share of losing.
And now, as tears subside,
I find it all so amusing.

To think I did all that;
And may I say – not in a shy way,
No, oh no not me,
I did it my way.

For what is a man, what has he got?
If not himself, then he has naught.
To say the things he truly feels;
And not the words of one who kneels.
The record shows I took the blows -
And did it my way!

Enorme letra. En la voz de Sinatra, convertida a maravilla.

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Sangre nueva

Agosto 26, 2008 at 8:20 pm (Estricta y rigurosamente personal, Otros, Pensando en alto)

Hace un tiempo se realizó un estudio que demostró que el criterio que siguen la mayoría de empresas a la hora de elegir entre decantarse por contratar a un empleado joven o a uno mayor varía más allá del trabajo a realizar. El estudio concluyó que intervienen factores totalmente externos, como el status social del país en cuestión, su situación económica, que hubiese estallado una guerra recientemente en cualquier otra parte del mundo, que una determinada moda hubiese pasado o estuviese en pleno auge, e incluso las condiciones atmosféricas del país donde se realice la entrevista en cuestión. Factores todos ellos, por supuesto, ajenos e incluso subliminales al empresario que tiene la última palabra sobre a quien contratar y a quien no.

Cuando tienes algo no te das cuenta de su valor hasta que lo pierdes. Es una verdad como un templo. Quizá una de las verdades más grandes que nadie haya escrito nunca. Y una de esas cosas que algún día se pierden es la juventud. No me refiero en cuanto a acciones; hay ancianos que viven más en un año que alguien en el transcurso entre los 15 y los 35 años. Me refiero a las emociones. A las sensaciones. A los errores dispuestos a cometer. Alguien mayor tiene la experiencia, el compendio de vivencias… la sensatez en resumen. Un joven siempre estará dispuesto al cambio, a cometer más errores de los que puede sopesar y espera que los demás toleren, aún siendo consciente de ello. Estará motivado por la ambición y el egoísmo. Por tener más de lo que puede conservar. Por hacer algo, aunque no sea lo más correcto ni lo racional. Eso… eso es un error. Un error estupendo, que hay que cometer.

A parte de esto, me he percatado que los viejos están locos por contar su historia, incidiendo en los sentimientos. Mientras tanto los jóvenes también cuentan la suya, pero sin soltar el escudo que permita que alguien vea y  entre en lo que realmente se siente. Supongo que es sabiduría; llegado el momento te das cuenta de que es absurdo guardar lo que albergas.

Ignoro en que momento decidimos soltar ese escudo, pero espero que tarde en llegarme. Mientras tanto seguiré equivocándome, y me arrepentiré de algunos errores hasta ahogarme, mientras que por otros llevaré la cabeza alta, pues todos ellos me han definido. Y todos ellos tienen un fin. Como dice aquella estupenda frase, no recuerdo ahora mismo de quién: “quiero tener el poder de equivocarme”.

Una vez leí que el momento en el que alcanzas la madurez y dejas atrás la infancia es el momento en el que pierdes la inocencia. Estoy en parte de acuerdo pero matizo; creo que el momento exacto es cuando te percatas de que vives en una jungla donde impera la ley del más fuerte o del mejor, de que en el fondo todos estamos solos, y de que quien se pare a esperarte si te caes merece un monumento (si se llega a tener la tremenda suerte de encontrar a alguien así). Pero también de que no hay que reprochar, jamás, a quien decida seguir su camino y no recogerte. No es solidaridad, es objetividad.

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Lo resume todo

Agosto 26, 2008 at 9:34 am (Otros)

Visto en menéame.

La poca sensibilidad, falta de profesionalidad y “amarillismo”, “rosismo” o del color del que se le quiera tintar que están demostrando los medios de comunicación con este caso demuestra y resume claramente lo que son; pura mierda.

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Si que tiene un color especial…

Agosto 25, 2008 at 8:17 pm (Otros, Sin demasiado o ningún sentido)

… ¡Y qué jamón! ¡Y qué mujeres!

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Inspiración/Expiación

Agosto 11, 2008 at 12:10 pm (Cine y TV, Música, Otros, Sin demasiado o ningún sentido)

En mi (jodido) momento y (puta) situación actual hay cosas que me inspiran… El sol filtrándose por las mañanas, el canto de un pájaro, la sonrisa de un niño, un tema de la radio… No, en serio, me refiero a uno de esos tantos grupos que llevan acompañándome mucho tiempo y que tienen la facultad de llegar a  ”animarme”; Creedence Clearwater Revival. En fin, no con la misma efectividad que al Gran Lebowsky, pero casi:

Que me jodan si no es una de las mayores paridas en forma de película que he visto.

 

Supongo que podría vivir sin música, pero… ¿entonces quién me iba a levantar cuándo la gente fallara intentándolo?

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No tiene excesivo mérito porque era previsible, pero…

Agosto 9, 2008 at 5:04 pm (Otros)

Ya dije yo que veía guerra en Georgia. Mientras en un lugar del mundo se inauguraban los Juegos Olímpicos, en el otro pasaban cosas como ésta. Hay que joderse.

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Un paso más

Agosto 6, 2008 at 12:06 am (Otros)

Tenía el 50% de probabilidades de nacer con los huesos de cristal, pero una avanzada técnica de selección genética lo ha evitado. Por primera vez, un bebé español ha podido escapar de esta grave enfermedad hereditaria conocida por causar múltiples fracturas óseas durante toda la vida. La niña, nacida ayer en Alicante, ha venido al mundo libre de la osteogénesis imperfecta. Podrá hacer una vida normal.

La noticia entera en, por ejemplo, El País.

 

Y pensar que una vez casi me llaman Nazi por decir abiertamente que estoy a favor de la eugenesia en según que casos. Pero es tan sencillo y a la vez tan provocador echar por tierra los argumentos de un conservador recalcitrante hasta la médula e ignorante como él solo… Hipocresía, estupidez y falta de perspectiva; mala combinación.

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Se va a liar…

Agosto 3, 2008 at 9:36 pm (Otros, Política)

Aquí. Sí o sí.

 

“Al menos seis personas murieron y otras 21 resultaron heridas en los enfrentamientos más graves ocurridos entre Georgia y la separatista Osetia del Sur desde que esta región ganó su independencia de facto tras vencer a los georgianos en una guerra, a principios de la pasada década. Los choques estallaron en la noche del viernes y se prolongaron hasta la mañana de ayer. Ambas partes se acusaron mutuamente de iniciar los disparos.”

 

¿A qué tantos otros comienzos/continuaciones de conflictos me recuerda?

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