“One is the loneliest number that you’ll ever do”
Hace tiempo que no conozco la devoción, el cariño, la sinceridad total y absoluta. Ahora mismo conozco la pasión, el arrebato, el deseo, incluso la necesidad casi por puro instinto… Puedo estar en la cama con una mujer y quedarme absorto mirando alguna parte de su cuerpo, como su pecho o su boca, decirle lo mucho que me gusta y acariciarla para ver como ella sonríe complacida a la vez que ingenuamente, segura de que soy enteramente suyo. Pero ya no puedo (ni quiero) estar horas mirando los ojos de alguien, estudiando todos y cada uno de los rasgos de su rostro, atento a cualquier movimiento que me ayude a conocer más, en un absoluto silencio que dice más que todas las palabras.
¿Por qué concuerdo totalmente (aunque jamás lo diría en público) con esos cursis qué aseguran qué el sexo sin amor no sabe tan bien?
¿Dónde se han ido mis ganas de sentir? ¿De arriesgar?
Si Scorsese la eligió…
… Como tema de fondo para el desenlace de su obra cumbre, Casino, por algo será. ¿Existe mejor tema para un final triste como son, en la realidad, todos los finales?
The House of the Rising Sun – Animals
Pues sí. Sí que se puede.
El Martes ocurrió un hecho histórico. No lo he comentado antes por falta de tiempo y también, por qué no decirlo, por falta de inspiración, motivos principales ambos por los que no actualizo más a menudo, pero aún con todo no quería dejar de citarlo.
Olvidemos todas las promesas. Olvidemos que ha ganado un candidato que en sus discursos no habla de “liberar al mundo del terror”, si no de hacernos soñar. Que aboga por una retirada responsable del ejército estadounidense de Irak, que ha tenido una vida cuya mejor definición es “multicultural”, que ha luchado por la igualdad social, que tiene el medio ambiente como una preocupación real, que puede arreglar la relación de EEUU con nuestro país. Olvidemos que unas elecciones y su campaña son más imagen pública que verdades sociales. Olvidemos que le ha votado el mismo pueblo que eligió dos veces a George W. Bush como presidente. Olvidemos el utopismo al que huele todo esto. Olvidemos toda la esperanza. Olvidemos que cuantos más altas son éstas mayor puede ser la decepción.
Pero es agradable volver a recordar que un país como el estadounidense puede despertar y tener conciencia después de la pesadilla, y que a han elegido como líder para ello (y, por extensión, líder de la primera potencia mundial) a un hombre que defiende todo lo dicho anteriormente. Pero sobre todo recordemos que el hombre elegido para tal tarea, Barack Obama, es afroamericano, en un país y un mundo que hace menos de medio siglo discutía si la gente con una piel de un color distinto al blanco merecía tener algún derecho.
Esto sí es progreso. Y sobre todo, esto es historia. De la buena. Sí, se puede. Se puede escribir la historia. Y Barack Obama es el mejor ejemplo en lo que llevamos de S.XXI.
El despertar más difícil
Un enlace interesante, que merece la pena leer.
