Esta semana ha sido…
… Extraña. Diferente. Divertida. He sido confidente, amigo y amante, en ese orden. Todo ello en cuestión de pocos días y, para añadir más emoción y dramatismo, de alguien con pareja. Lo siento, “amigo”, pero las necesidades, la atracción y el sexo no entienden de lealtad cuando se crea la situación y el entorno idóneo… o cuando algo simplemente tiene que pasar. Sí, me parece que se podría escribir un episodio de la puta Anatomía de Grey con esta semana.
He sido el villano después de haber creído aprender que no había que serlo… Y me ha gustado. Ha merecido la pena. Es como me gusta ser. Es como soy.
Fotogramas míticos: Taxi Driver
Qué decir de esta película… Única en su género y su historia, sublime en todos los sentidos. El personaje de Travis perdiendo la cabeza en esta escena, pero alcanzando a la vez una lucidez extraña, atípica e inadaptable como él mismo, es una descripción casi perfecta de la personalidad y evolución del personaje. Además, ignoro por qué, Taxi Driver es uno de mis visionados más recurrentes en momentos de apatía.
“Es que mañana tengo el coñazo del desfile…”
Aquí la noticia, y la pista sonora. (Otra versión, que en el primer enlace no se escucha).
Mi opinión es que deberían, por ley, dejar los micrófonos abiertos en cada intervención mediática que hicieran los políticos. Estos “descuidos” no solo consiguen que caigan mejor, si no que los hacen más coloquiales y cercanos al pueblo, lo cual es una ventaja para cualquier político. Y es que, y en esto sí le apoyo totalmente, Sr. Rajoy, acudir al desfile de las Fuerzas Armadas debe ser un soberano coñazo.
La memoria selectiva…
… es algo que, estoy seguro, a nadie le funciona bien ni a propia voluntad.
“¿Por qué no dejo de verte y de recordarte?”
Imagen del mes (pasado)
Bush dirigiéndose a su nación y en extensión al resto del mundo el día 25 del ya pasado mes de Septiembre. Serio, tajante, preocupado. Con un tono y una actitud como si se hubiese repetido el 11S o, como si de cualquier película de acción de serie B se tratara, unos violentos extraterrestres con cincuenta años de ventaja tecnológica sobre los humanos hubiesen invadido la Tierra, con especial fijación en los Estados Unidos, cómo no. Solo que, igual que pasaría si nos invadiesen los siempre malísimos marcianos del cine, esta crisis no solo afecta a EEUU, si no a todo el mundo, salvo quizá al gigante durmiente, China, quizá uno de las muchas razones de preocupación del Presidente Bush en la declaración que nos trata. Ver inevitable e impotentemente como se acaba tu podio en la lista de los más poderosos del mundo es lo que tiene.
Quiero pensar…
… Que no sabe muy bien lo que hace. O que, como el 80% de cosas por Internet, es un montaje. Si no es así es que, definitivamente, la globalización extiende por el mundo una gilipollez de manera generalizada.
Fotogramas míticos: Infiltrados
Sublime el prólogo de la película y la presentación del personaje de Nicholson, todo ello al son de la enorme ”Gimme Shelter” de los Rolling. Estupenda cinta de unos de los mejores directores de la actualidad, casi a la altura de cosas como Uno de los Nuestros o Casino. Con un ritmo perfecto que obliga a no perderse ni un minuto de la película, un guión genial, unos personajes y unas interpretaciones memorables y una banda sonora acojonante. Puro Scorsese. Puro cine. Con todo lo que ello conlleva.
Aislamiento racional
Estamos hechos para aislarnos del exterior. De x sociedad, de lo que le pase al que nos cruzamos por la calle, de lo que ocurra en la otra punta del mundo, de que en una Universidad se investigue tal o cual cosa, de quien pide dinero a la puerta de la cafetería donde almorzamos, de que nuestros vecinos estén jodiendo encima o debajo de nuestras cabezas, de que en la otra punta del mundo alguien bombardee un hospital o cruce disparos con un miliciano… Somos así. Es normal. Y no es malo. Bueno, puede que sí, de alguna manera, pero es normal. Estamos tan acostumbrados a ser conscientes despistados de que en cualquier lugar parte del mundo se está cometiendo una barbaridad en estos momentos que no nos afecta. Y no porque no dejemos que lo haga, si no porque, estoy convencido, evolutivamente, hemos acabado siendo así. Quizá hace años, en la edad media igual, la gente se unía en una profunda tristeza común cuando conocían la noticia de que a unos kilómetros de su posición alguien había perdido la cabeza y había asesinado a su familia. Pero ahora no ocurre así. O planteémoslo así; ¿Cuánto tiempo apartamos los cubiertos de la comida mientras en el Telediario de la hora de comer nos muestran gente muriéndose de hambre? ¿O al hijo de puta de la semana qué ha matado a su pareja? ¿O a los cuerpos de los inocentes qué la guerra ha masacrado? ¿Cinco, quince segundos a lo sumo? No importa, porque entre que lo olvidamos, lo hambrientos que estamos tras un duro día de trabajo y la sonrisa que esboza el presentador de los deportes para decir que el último fichaje multimillonario lo ha bordado en el partido de anoche lo dejamos al margen. ¿Y cuánto tiempo nos sentimos mal cuándo, tras salir de esa cafetería o restaurante con el estómago satisfecho, un indigente nos pide o nos suplica dinero o comida? En mi caso menos de un minuto. Y quien se indigne o se mienta afirmando que siente más de un minuto de remordimientos, a parte de ser poco sincero, quizá debería pensar en dejar su trabajo y dedicar su vida a alimentar a desnutridos en Guinea, o en girarse y darle una limosna o invitar a un bocadillo al mendigo. Yo he probado esto último en alguna ocasión y, creedme, no te sientes mejor.






