De conciencia política y otros engendros

Julio 6, 2008 at 2:59 pm (Pensando en alto, Política)

La verdad es que no soy dado a hablar sobre política. Principalmente porque son diálogos que acaban en discusiones que no llevan a nada, dado que pocas veces (yo aún no he visto ninguna) ninguna de las partes cambia de opinión y acaba viendo por los ojos del otro. Ya no digamos mucho menos dándole la razón (¡por favor, donde iríamos a parar reconociendo que una opinión es igual de válida o mejor que la nuestra!). Tenemos las ideas fijas, y porque se levante la voz no van a cambiar. Pero quiero hablar de algo relacionado con la política, aunque no tanto como parece. Quizá en parte porque espero que si alguien me rebate o me discute se puede hacer en un cruce de opiniones sin más y sin necesidad de levantar la voz, cuyo homónimo aquí sería… ¿Escribir en mayúsculas y con tamaño de letra a 42? Bueno, no importa.

Me hago pues eco de la noticia (ya antigua) de la condena al periodista Jiménez Losantos por injuriar a Alberto Ruiz-Gallardón, Alcalde de Madrid. Digo “por injurias” y no “por supuestas injurias” porque el juicio ya acabó y le ha dado la razón a Gallardón, así que ya no son supuestas, si no que son injurias como tal. Sí, tengo más propiedad y cautela que la mayoría de medios de comunicación, lo cual tampoco es muy complicado, pero en fin…

Sea como sea, no vengo a comentar si me parece justa o injusta la sentencia, o si estoy a favor de uno u otro… entre otras cosas porque no me importa. Pero si pretendo a defender, a su manera, a cada uno de los implicados en los motivos que le llevaron a esto. Y empiezo por el más complicado, por quien supuestamente empezó todo esto y por ende tiene toda o gran parte de la culpa; Losantos. Este hombre dijo desde la cadena en la que trabaja que Gallardón había intentado obstaculizar y relevar la investigación sobre el 11M, un atentado que se llevó la vida de casi 200 personas. Unas palabras muy duras, sin duda, hacía Gallardón, quien no hace más que defenderse y por ende demanda a Losantos. Pero, ¿son las palabras de éste una acusación o una simple opinión? Es tan frágil el velo que separa a una de otra que, los que son acusados de sobrepasarla y convertir a la opinión en un dedo acusador, siempre acaban acogiéndose a su derecho de “expresar libremente su opinión”, que por algo es un derecho y una libertad, y como es todas esas cosas buenas y bonitas no puede hacer daño a nadie. Y ya si eres periodista (o te haces llamarlo, como la mayoría) mucho mejor, así parece que tienes más derecho a usar tu libertad de expresión, y hasta parece que sabes de lo que hablas, así pega más con tu persona, como la chupa de cuero a un motorista o el Channel a una modelo.
El problema de la libertad de expresión es que se acaba usando como arma, como todas las cosas que en teoría son buenas en origen. No es distinto de coger algo con una buena base como puede ser la religión y convertirlo, bajo nuestro provecho, en un motivo por el que cometer genocidios al lema de “Alá es grande” o al grito de “paganos” o “herejes”, según la época histórica en la que nos situemos y religión a la que nos refiramos. Y en eso el Sr. Jiménez Losantos es experto… hasta que le sale el tiro por la culata y acaba perdiendo un juicio.

Pero eso no es del todo importante, y no es a lo que me quería referir. Lo importante e interesante de este juicio ha sido lo que había subliminalmente detrás del periodista que se pasa tres pueblos y el político que le lleva a juicio porque le han ultrajado; estaba el deseo de un partido (representado por el demandante, por si no estaba suficientemente claro) de separarse progresivamente de la Institución milenaria que hay detrás del programa y la cadena donde ejerce el acusado*, institución con la que hasta hace solo unos meses dicho partido estaba en constante comunión (valga la redundancia), pero de la que ahora conviene renegar o, dicho con corrección política, “relevar”. Y es que la política, como la excusa de la libertad de expresión, se amolda según las situaciones y los propósitos que sus representantes deseen conseguir.

El gran Manel Fontdevila lo ilustraba tal que así:

 

*acusado: Perdón, quería decir culpable.

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Primer Acto

Julio 6, 2008 at 2:49 pm (Sin categoría)

No soy muy dado a las presentaciones. Más aún cuando lo que se pretende es conservar cierto anonimato. Sencillamente me apetecía aprovechar la “libertad” que puede ofrecer esto.

 

Enjoy.

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