En público
Imponer es reprobable. Exponer, loable. Rectificar, meritorio.
En el aire, como tantas cosas
Siempre he sido de los que pensaban que “a los muertos había que dejarlos estar”, sin ni siquiera hablar de ellos, sin necesidad de despertarlos para convertirlos en un recuerdo hablado (que no pensado). Ahora, me doy cuenta, lo que ocurre es que hay pocas oportunidades (muy pocas) de encontrar alguien para quien esa persona fallecida supusiese lo mismo que para mi en algún término, y de esa manera que sea digno y valga la pena hablar de él/ella.
Últimamente hablo con frecuencia con otra persona de alguien que ya se fue, y hablamos de lo mismo sobre ella porque en ese sentido pensábamos lo mismo. A los dos nos hacían gracia sus mismas cosas, y las recordamos porque coincidían con nuestro sentido del humor y de ver la vida. Supongo que eso es lo que puede llamarse un “lazo” (puta mierda, suena más horrible cuando se escribe o se dice que cuando simplemente se piensa). Supongo también que es una de esas muchas cosas que están presentes siempre, pero de las que uno no se percata hasta que “un componente” falta. Poco importa si después de la risa uno se duerme pensando en lado malo de la cuestión o llorando. Nadie lo va a ver.
Por los que no están y aún así provocan sonrisas, un pensamiento (ni escrito ni hablado) para ellos.
“Made in America”
Quiero aprovechar la época que estamos pasando, que incluye la divertida moda de despreciar a los Estados Unidos y todo lo que tenga que ver con ella, aunque no dejemos por nada del mundo de consumir sus productos y potenciar su economía (en parte porque es inevitable, nadie nos culpará de eso), junto a considerar estúpidos a sus ciudadanos y más aún a su Presidente, para decir unas cuantas cosas sobre el país de las barras y estrellas, especialmente en lo referente a tópicos, verdades absolutas y demás cosas que siempre hacen tanto daño y que la mayoría de veces están dichos por quienes hoy echan pestes sobre Norteamérica, afirmando ilusamente que es el peor perro de la perrera y creyendo que no los echarían de menos si China la relevase en la posición de “País más poderoso del mundo”.
Hay quien dice que Estados Unidos no tiene cultura. Quizá sería más adecuado decir, en todo caso, que no tiene historia, pues es cierto que apenas la tiene temporalmente hablando, al menos no en comparación con la que sí pueden tener África y especialmente Europa. No tienen arte, no tienen poesía, no tienen filosofía, no tienen conquistadores legendarios… o al menos no tienen de los que iban enfundados en armadura a lomos de un corcel, que siempre queda más poético y benigno que el que, vestido con un traje de 2000 $, ordena bombardeos desde su despacho, aunque los dos sean claros dictadores y estén ahí ahí en hijoputismo. Pero sí tienen cultura. Quien diga lo contrario nunca se ha interesado por la cultura estodunidense y, por supuesto, nunca ha pisado Estados Unidos. Tiene la cultura del patriotismo extralimitado. De la comida rápida. Del Country. Del Rock. De los 60. De los bares y gasolineras de carretera. De las luces de neón. De Wall Street. De la exageración arquitectónica. De los trajes y corbatas. De sus guetos o “barrios inmigrantes”. De sus ciudades dormitorios. Del sedentarismo en su máxima expresión. Del vaquero de Marlboro y Philip Morris. De la democracia. De los coches grandes. De la casa rodeada de césped. De la comida italiana importada y convertida en algo fácil. De la supremacía económica. De las carreteras largas y aburridas. Del mejor cine que ha dado la historia. De los paisajes urbanos y sus carteles publicitarios y de advertencias varias. Del Sur profundo y más castizo. De la violencia como medio y como fin. De su televisión. De sus novelas “realistas”. De sus desayunos altos en grasas y sus agrios cafés. Del cristianismo. Del arte moderno. De su crecimiento económico, social y político, aún no superado por ninguna otra sociedad o país moderno. Y sobre todo, tiene la cultura de su hipocresía. Una hipocresía general aceptada en todos los ámbitos de su sociedad y por ésta misma, conocida en realidad por todos e hipócritamente aceptada, lo cual la hace… más hipócrita aún.
Estados Unidos tiene el mismo carácter y ambiente que puedan tener la mejor Italia, Francia, Marruecos, Inglaterra, España… pero en mi opinión peor que el de cualquiera de éstas. A años luz de hecho. Ahí entra el llamado gusto personal de cada uno, y no pretendo entrar en eso. Pero quien diga que no tiene cultura no conoce su historia política, su cine, ni su cultura televisiva, ni su historia bélica, ni su historial armamentístico y tecnológico… Y me atrevo a decir que es claramente el país con una historia tan corta como intensa en lo que llevamos en este planeta… y así han llegado a donde están. Todo esto puede gustar más o menos, pero así es.
Quien la critique por ser lo que es y como es resulta ser en si mismo, además de un esclavo de las modas (tan estúpidas y pasajeras como cualquier otra moda), un hipócrita, como la sociedad abierta y altamente hipócrita a la que critica. Tanto como quien crea que esto es un ataque o una defensa. Después de todo, no quita que me guste la pintura de Van Gogh o Monet y que adore leer a Dumas, para que mi música favorita sea todo lo que huela al Rock y al Blues americano de los 60 y 70 o que la película que más veces haya visto sea El Padrino… aún no sé si la una o la dos.
Silent Hill
Es otro triste ejemplo de licencia de videojuego llevada a la peor y más patética forma de algo cercano a cine.
En mi defensa diré que la bajé porque el juego (las dos primeras partes, el tercero me pareció mediocre tirando a malo) es de los pocos, muy pocos, que realmente me gustan, me atraen y me parecen dignos de llamarse “arte”. Y, en fin, esperaba algo malo, pero no tanto (normalmente solo procuro ver buen cine, no estoy en absoluto acostumbrado a estas tonterías dignas de freaks y otros seres ávidos de vida sexual y social).
Pero no todo iban a ser malas críticas; lo principalmente destacable de la película es su ambientación, su diseño artístico y… ya. Y porque los coge del juego. Para lo demás pues me pongo el juego, que está mejor hecho y es mejor en todo.
Mi calificación no puede distar de un “valiente mierda”. Las hay peores, claro (y más en el género de terror, el 60% diría), pero está está basada en una saga que me gusta y que, aún perteneciendo a un entretenimiento que precisa de la partición activa del usuario como son los videojuegos y que teóricamente ofrece menos tiempo de desarrollo en puntos como argumento, personajes, guión, etc… resulta mejor que la película en todo esto… y eso la hace peor. Todavía.
He cambiado el diseño del blog…
… Quería añadir como pie de título algo como “Ahora con más explosiones”, pero este tema no lo soporta. Lástima.
Mr. Brooks

Excelente thriller que personalmente logra sacar del fango artístico a Kevin Costner tras bodrios tales como Waterworld o el coñazo del Cartero del futuro aquel (proyectos dignos de un yonki o del mismísimo Michael Bay), y me alegro de volver a disfrutar con una película de este hombre porque, a parte de merecer participar en buenas películas como ésta, es alguien que particularmente me cae bien.
A parte de su excelente interpretación, destaca una puesta en escena sobria y consistente y una historia que no decae en ningún momento, siendo un in-crescendo constante, de principio a fin, sin perder un ápice de emoción ni de frialdad y vista a través de la sublime simbiosis entre personaje y actor que conforma Costner, quien también se ve bien acompañado de su alter ego interpretado por el habitualmente secundario William Hurt.
Como punto negativo mencionaría la interpretación de Demi Moore, quien resulta patética como ella sola y poco interesante (en especial en comparación con el resto de personajes), así como la música, más típica de un típico final lacrimógeno de cualquier serie de la Fox que de una cinta serie. Por último y para un pijo de los detalles como yo, la dirección de las escasas escenas de acción (creo que hay tres en total, a cada cual peor), que aparte de ser hortera y digna de los 80, de nuevo se ve acompañada por una música casi sacada de la BSO de Matrix, lo cual no pega ni queriendo. Sobre todo estas escenas contrastan con los momentos de asesinato que lleva a cabo el Sr. Brooks, que resultan tan frías y perturbadoras a la vez como el personaje que los lleva a cabo. Sin concesiones.
En resumen, me ha sorprendido para bien. Y de verdad que me alegro por el amigo Kevin. Ya era hora que este hombre volviese a participar en proyectos decentes y sobre todo a interpretar personajes a la altura de su talento.
Información es poder
Ignoro que es lo que lleva a alguien a abrirse a un extraño o, ya no solo a un extraño, si no a alguien perteneciente a la categoría de “conocidos”, es decir, todo lo que engloba a compañeros de trabajo, compañeros de juergas, compañeros de negocios, compañeros de viajes, compañeros de cenas o comidas… y cualquier cosa que no sea digno de llamarse “amigo”, lo que en realidad viene a ser el 97 o 98% de gente que uno llega a conocer en su vida, y es un promedio estadístico que va actualizándose con el paso de los años y con la posibilidad de situaciones que te demuestren si de verdad alguien es un “amigo” o solo un “conocido”. De cualquier manera no es a éste abismal matiz afectivo a lo me vengo a referir, si no a mi inherente y no voluntaria capacidad para que la gente con la que no paso de ser un anteriormente denominado “conocido” entablen conversaciones de carácter altamente personal conmigo, tan solo y aparentemente por placer o “por tener algo de lo que hablar”. Aún no sé por qué, pero ocurre; las personas de mi entorno parecen tener una facilidad pasmosa para abrirse conmigo y permitirme ser su confesor. Ni soy en absoluto malo en esa tarea ni creo ser un antisocial; me limito a escuchar, a mirar a los ojos, a responder brevemente para facilitar el continuo ritmo de la confesión y sobre todo a observar los matices… cuando una mirada se desplaza, cuando hay una alteración en el ritmo de la voz, cuando se repiten unos gestos, cuando la postura es ciertamente abierta o está más a la defensiva, como ocultando algo… Estando atento se puede saber si alguien miente en algo, si pide ayuda de una manera subconsciente, si te está contando algo porque llegas a ser importante para el o ella o si en cambio lo hace porque no tiene nadie más con quién desahogarse…
Sea como sea, en todos los casos y en todas las combinaciones está presente el mismo factor; una voluntaria vulnerabilidad a la que me he acostumbrado pero que no deja de llamarme la atención; esa extraña capacidad para confiar aspectos de tu familia, tu trabajo o tu vida más personal a alguien que no tiene porque ser bueno o que no sabes si va a traicionar tu confesión transmitiéndosela a terceros… en resumen la facilidad para abrirse y permitirte ser vulnerable. A veces simplemente y por diferentes he motivos he pasado de escuchar a alguien (tan poco humano como diplomático, lo sé), pero la inmensa mayoría de veces es interesante ver a uno de estos conocidos sincerarse. Una bonita sonrisa por parte de una determinada emisora, un adecuado carmín o una “buena perspectiva” (menos trabajado pero igual de válido) pueden hacerme bajar la guardia incluso a mi, lo reconozco… De cualquier manera respondo bien, doy lugar a continuar la conversación, respondo, a veces con la misma sinceridad y otras (lo reconozco aquí) con mentiras. Depende de la persona, de lo que haya revelado, etc…Pero mientras los otros lo ven (o al menos así lo expresan) y lo hacen como algo normal, por aburrimiento, por costumbre, como excusa o como un primer paso para iniciar una relación, yo no puedo dejar de tomármelo no como una batalla pero sí como una “competición” en la que, aunque me equipare de alguna manera con mi similar, nunca llego a dejar que él o ella sepa tanto de mi como me permiten a mi saber de ellos. Carezco de esa voluntad para decir subliminalmente “ahora soy vulnerable, haz lo que quieras con lo que te voy a contar, pero confío en ti”, al menos con un extraño y con alguien que aún no haya hecho nada para ganarse mi confianza ni se haya hecho digno de merecer mi sinceridad. En el fondo no importa; si llego lejos con alguna de estas personas y de verdad lo vale nunca llegará a reprocharme que no fui yo quien puso la primera piedra para llegar a donde llegamos. Y si sale mal y llega a merecer castigo sabré que hacer con la información que me ha proporcionado; he aprendido a escuchar, responder, empatizar y, si es necesario, fingir que me importa.
Hoy el fracaso sabe como a…
… Vacío. Menos mal que nunca se me ocurriría bajar la cabeza. Ni mereciéndolo.
Las ilusiones perdidas
Acabo de ver un capítulo en el canal de Historia de este documental (link elegido semi al azar) sobre la situación de España durante la 2º Guerra Mundial y en la propia Guerra Civil, y he decidido tratar de conseguir algunos capítulos más y ya de paso recomendarlo, especialmente por algunos testimonios que son indescriptibles. A veces pienso en la generación que vivió todo esto y que inevitablemente se va y creo que, por mucho testimonio que dejen, nunca será el suficiente de todo lo que tienen que contar ni hará justicia a todo lo que vivieron.
Ying/Yang
Me resulta interesante la idea de que casi todas las personalidades y grandes mentes del mundo, hayan hecho lo que hayan hecho, dejan, a pesar de sus méritos en su correspondiente ciencia, una cierta herencia negativa que inevitablemente va ligada a la marca que legaron en la historia. Por ejemplo, Marie Curie. Prácticamente inventó todas las aplicaciones posibles de la radiactividad, lo cual salva muchísimas vidas… claro, que su uso en otros campos también esté probablemente causando millones de casos de cáncer. O Churchill, que impulsó la transición mundial del carburante de carbón al petróleo por el que hoy nos matamos. Y qué decir de Einstein, quien incluso declaró su sentimiento de culpabilidad por su indirecta relación con la creación de la bomba atómica. ¿Jesucristo, Mahoma o algún otro representante de alguna religión mayoritaria? Son una idílica utopía como todo el mundo sabe, pero trajeron la religión consigo y, que yo sepa, a día de hoy no nos han traído más que disgustos.
Son buenos ejemplos de que no puede existir algo beneficioso para algunos sin que resulte perjudicial para otros.
Llevándolo a la vida corriente es más sencillo; no consigues un trabajo sin que otro lo pierda. No te acuestas con alguien sin que otro/a se quede sin hacerlo. No aparcas en una plaza libre sin obligar a otro a seguir dando vueltas. El problema de esto es que, en el fondo, es más difícil de controlar de lo que parece. Mucho más. Se puede tomar el rumbo de casi todo, tomar cualquier tipo de decisión y coger la vida por los huevos, pero si algo tiene que pasar, pasará. Que lo llamen destino o como quieran, pero ahí está. El truco, como el de la mayoría de cosas inevitables (y ésta probablemente sea de las que más lo son), es engañarlo. Darle la oportunidad de que creas que lo ignoras. Que se piense que no lo tienes en cuenta. Es una partida que probablemente ganará, pero eso no significa que no puedas jugar mejor, tener mejores cartas y, como ya he dicho, coger al mundo por los huevos. Sí, me encanta tanto la expresión, casi tanto como la sensación.
A veces…
… Apetece hablar sobre algo. Pero no siempre puede ser, me temo. A veces o no está la persona, o no es el momento. Y… no se pudre, pero se olvida. Lo cual a efectos prácticos viene a ser lo mismo, si no peor. No se puede tener todo.
La cabeza (mejor no) visible
No quería dejar de comentar el hecho de que Bibiana Aído, la actual Ministra de Igualdad que pasará a los anales de la historia por soltar la perla de “los miembros y las miembras” y ganarse así un más que merecido y honorífico título de persona más ridícula de los últimos tiempos, encabezó la manifestación del Orgullo Gay del pasado Sábado. Y aprovecho para hablar de esta chica, y ya de paso de el acto que encabezó.
En primer lugar, que nadie se confunda. Me parece estupendo que haya un Ministerio de Igualdad, que de verdad proponga leyes y acciones cara a la igualdad tanto de los dos sexos como del colectivo homosexual. Pero sinceramente a ninguna parte vamos si encabezando dicho Ministerio tenemos a una persona cuya única labor hasta el momento ha sido hacer el ridículo, dar la nota y ser un muñeco representativo de una supuesta progresión que supuestamente ella encabeza (o ahí la han puesto). No me parece en absoluto justo que una persona sin calificación ni nivel necesario perciba un sueldo de Ministra y tenga unas oportunidades cuya carencia de responsabilidad, madurez y ambición le impiden aprovechar. Que entrenemos figurines con sonrisa tópica y simpatía de turno para hacer “hits” de verano o alegrarnos los Domingos de fútbol marcando goles pude pasar; todos sabemos que es una hipocresía más sin demasiado daño. Que les paguemos un Ministerio y les demos una labor para la que no están a la altura no tanto.
Una vez descrita con relativa exactitud mi opinión sobre la susodicha “miembra” del Gobierno, paso a puntualizar unos cuantos puntos a nivel personal sobre la fiesta del Orgullo Gay, pues tiene mucho más de fiesta que de manifestación. De nuevo primero me veo obligado a advertir que no tengo absolutamente nada en contra de la homosexualidad ni de su movimiento. Es más, me parece de puta madre que nuestro país fuese el primero en legalizar las bodas entre personas del mismo sexo y que en estos temas resulte de lo más progresista. Pero me parece muy hipócrita que camuflen una fiesta de manifestación por el respeto y la igualdad. Es una fiesta, y como eso está bien, pero que no se vista de manifestación, ya que no lo es. Y si de verdad pretendiera ser una manifestación quizá el momento o estado para tomar más en serio a sus representantes no sea precisamente cuando uno está de fiesta, probablemente bebido y desinhibido. Al menos, si yo fuese homosexual probablemente no me gustaría que mis derechos legítimos se representaran en medio de una fiesta, y no sé vestirse de plumas o actuar como una loca ayuda a tomarse los derechos de alguien en serio o solo colabora al tópico. Por ejemplo, si de verdad demandas y luchas por la igualdad no vas por ahí de feminista, por mucho mejor que quede decir que alguien es feminista a que es machista, cuando coherentemente y en sus orígenes son cosas muy parecidas si no iguales, aunque este es otro tema. Estás a favor de la igualdad, y punto. Ni más hacia a un lado de la balanza ni más hacia el otro.
Y sí, soy consciente de que en esto actúa el factor tiempo; que un centenar de homosexuales se echaran a la calle hace diez años a gritar lo que son tiene mucho más valor y mérito que hacerlo hoy en día, cuando la igualdad, admito, no es algo que se ha alcanzado totalmente pero si es mucho más cercano y cotidiano. Quizá si tengan que seguir luchando porque se acepte y se respete lo que son, porque sin duda lo merecen, pero una fiesta es una manera algo hipócrita de hacerlo. Y que se les ponga por delante una representante de la talla de Bibiana Aído no ayuda, aunque inevitablemente van de la mano protagonizando la misma hipocresía. Sin embargo no creo que hagan muy buena pareja; la mayoría de homosexuales me merecen más respeto que la señorita Aído.
De conciencia política y otros engendros
La verdad es que no soy dado a hablar sobre política. Principalmente porque son diálogos que acaban en discusiones que no llevan a nada, dado que pocas veces (yo aún no he visto ninguna) ninguna de las partes cambia de opinión y acaba viendo por los ojos del otro. Ya no digamos mucho menos dándole la razón (¡por favor, donde iríamos a parar reconociendo que una opinión es igual de válida o mejor que la nuestra!). Tenemos las ideas fijas, y porque se levante la voz no van a cambiar. Pero quiero hablar de algo relacionado con la política, aunque no tanto como parece. Quizá en parte porque espero que si alguien me rebate o me discute se puede hacer en un cruce de opiniones sin más y sin necesidad de levantar la voz, cuyo homónimo aquí sería… ¿Escribir en mayúsculas y con tamaño de letra a 42? Bueno, no importa.
Me hago pues eco de la noticia (ya antigua) de la condena al periodista Jiménez Losantos por injuriar a Alberto Ruiz-Gallardón, Alcalde de Madrid. Digo “por injurias” y no “por supuestas injurias” porque el juicio ya acabó y le ha dado la razón a Gallardón, así que ya no son supuestas, si no que son injurias como tal. Sí, tengo más propiedad y cautela que la mayoría de medios de comunicación, lo cual tampoco es muy complicado, pero en fin…
Sea como sea, no vengo a comentar si me parece justa o injusta la sentencia, o si estoy a favor de uno u otro… entre otras cosas porque no me importa. Pero si pretendo a defender, a su manera, a cada uno de los implicados en los motivos que le llevaron a esto. Y empiezo por el más complicado, por quien supuestamente empezó todo esto y por ende tiene toda o gran parte de la culpa; Losantos. Este hombre dijo desde la cadena en la que trabaja que Gallardón había intentado obstaculizar y relevar la investigación sobre el 11M, un atentado que se llevó la vida de casi 200 personas. Unas palabras muy duras, sin duda, hacía Gallardón, quien no hace más que defenderse y por ende demanda a Losantos. Pero, ¿son las palabras de éste una acusación o una simple opinión? Es tan frágil el velo que separa a una de otra que, los que son acusados de sobrepasarla y convertir a la opinión en un dedo acusador, siempre acaban acogiéndose a su derecho de “expresar libremente su opinión”, que por algo es un derecho y una libertad, y como es todas esas cosas buenas y bonitas no puede hacer daño a nadie. Y ya si eres periodista (o te haces llamarlo, como la mayoría) mucho mejor, así parece que tienes más derecho a usar tu libertad de expresión, y hasta parece que sabes de lo que hablas, así pega más con tu persona, como la chupa de cuero a un motorista o el Channel a una modelo.
El problema de la libertad de expresión es que se acaba usando como arma, como todas las cosas que en teoría son buenas en origen. No es distinto de coger algo con una buena base como puede ser la religión y convertirlo, bajo nuestro provecho, en un motivo por el que cometer genocidios al lema de “Alá es grande” o al grito de “paganos” o “herejes”, según la época histórica en la que nos situemos y religión a la que nos refiramos. Y en eso el Sr. Jiménez Losantos es experto… hasta que le sale el tiro por la culata y acaba perdiendo un juicio.
Pero eso no es del todo importante, y no es a lo que me quería referir. Lo importante e interesante de este juicio ha sido lo que había subliminalmente detrás del periodista que se pasa tres pueblos y el político que le lleva a juicio porque le han ultrajado; estaba el deseo de un partido (representado por el demandante, por si no estaba suficientemente claro) de separarse progresivamente de la Institución milenaria que hay detrás del programa y la cadena donde ejerce el acusado*, institución con la que hasta hace solo unos meses dicho partido estaba en constante comunión (valga la redundancia), pero de la que ahora conviene renegar o, dicho con corrección política, “relevar”. Y es que la política, como la excusa de la libertad de expresión, se amolda según las situaciones y los propósitos que sus representantes deseen conseguir.
El gran Manel Fontdevila lo ilustraba tal que así:
*acusado: Perdón, quería decir culpable.



